Después de los Alpes, los Pirineos constituyen la mayor cadena montañosa de Europa al oeste del Cáucaso. Los Pirineos alinean sus cimas a lo largo de 500 km. entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Aunque los glaciares pirenaicos se encuentran en un estado de evidente retroceso y en verano tan sólo perduran pequeños neveros, el Pirineo Central conserva un marcado carácter alpino. El paisaje pirenaico presenta una atmósfera particular, alternándose audaces agujas y amontonamientos de granito con pastizales claros, bosques sombríos y pulcros pueblecillos; asimismo, los glaciares han abandonado en su retirada mil y un lagos retenidos por antiguas barreras y morrenas que asombrarán al montañero. Vignemale (3298 m.) es, sin lugar a dudas, una de las cumbres más emblemáticas y populares de todo el macizo. Es una montaña tan bella que resulta imposible verla sin desear ascenderla. Cuando se escribe sobre Vignemale, se hace obligatoria la mención del noble y algo excéntrico pionero Henry Russell (1834 - 1909). Este extravagante lord irlandé vivió un auténtico idilio con esta montaña hace casi un siglo. Russell excavó en los flancos de Vignemale 7 grutas, una de las cuales estaba situada a pocos pasos de la cumbre, y se instaló en Vignemale para largas estancias a 3.000 m. o más. Era tal la pasión que este hombre sentía por esta montaña, que llegó a erigir una gran columna de piedras de varios metros de altura con el objeto de que Vignemale llegase a alcanzar los 3.300 m. de Altura. NO' obstante, de poco sirvió su esfuerzo ya que poco después un rayo derrumbó la columna que tanto trabajo había costado construír, devolviendo al monte su altura original. En definitiva, Vignemale es una montaña tan cargada de historia y con tanta personalidad que desde siempre me atrajo la idea de realizar su ascensión.
Este pasado verano tuve la oportunidad de realizar una bella travesía pirenaica en compañía de unos amigos, en el transcurso de la cual realizamos la ascensión de esta montaña por su ruta normal partiendo desde Pont de Espagne. Este recorrido resulta de lo más variado y permite acceder a la cumbre de esta montaña sin niguna complicación. Os comento algunos detalles de nuestra ascensión: Desde el cercano pueblo de Cauterets, subimos en coche hasta Pont de Espagne. Allí dejamos los vehículos y nos preparamos para la subida. En Pont de Espagne tomamos un corto telesilla que nos permite salvar un cierto desnivel y evita aproximadamente 1 h. de marcha no muy interesante. Desde la terminal del telesilla parte un marcado sendero que en apenas 5 minutos nos conduce a un gran lago, que es el lago de Gaube. Bordeamos el lago por su margen derecha, cruzamos el río por un pequeño puente destinado a tal efecto y remontamos todo el Valle de Gaube por un sendero marcado con hitos. El recorrído es realmente hermoso; el río corre a nuestra derecha y presenta varios saltos de agua que sin duda recompensan el. esfuerzo de la subida. A medida que remontamos el valle, vemos aparecer al fondo la altiva cumbre de la Pique Longue, nuestro objetivo. Tras 2 h. de marcha, llegamos al refugio de las Oulettes de Gaube. El refugio de las Oulettes de Gaube está situado en un enclave realmente majestuoso, pudiendo contemplarse desde su terraza una de las mejores vistas de todo el pirineo, el impresionante circo de Vignemale.
De izquierda a derecha se divisan el Petit Vignemale, la Punta Chausenque, el Pitón Carré, culminando en la majestuosa Pique Longue. Contemplar la enorme mole que constituye la cara norte de la Pique Longue impresiona enormemente, especialmente a aquellos que visitan los Pirineos por vez primera y que difícilmente imaginarán una vertiente de semejante amplitud en unas montañas de altitud relativamente moderada. Esta pared se eleva casi 900 m por encima del Valle de Gaube y ofrece algunas de las escaladas más difíciles del Pirineo, tanto en roca como en mixto, De entre todas las características que conforman la vertiente norte de Vignemale, sin lugar a dudas merece ser destacada una fascinante chimenea de hielo y nieve que se eleva, hacia el cielo desde el Glaciar de las Oulettes de Gaube, encajonada entre la Pique Longue y el Pitón Carré. Se trata del célebre Couloir de Gaube. La simple visión de este siniestro corredor pone los cabellos de punta. La primera ascensión del Couloir de Gaube se llevó a cabo en 1.889 por un intrépido grupo en el que se inluía el célebre pirineista Passet. Esta escalada supuso una hazaña fabulosa, ¡y hubo de aguardar 44 altos para su repetición!. Hoy en día, el Couloir de Gaube mantiene su prestigio y es considerado como una escalada clásica de envergadura. Volviendo a nuestro itinerario, desde el refugio de las Oulettes de Gaube nos dirigimos hacia el sureste; para ello tomamos un marcado sendero que nos conducirá a un marcado collado situado a la izquierda del Petit Vignemale, conocido como la Horquette de Ossue. El camino asciende de forma ha bastante brusca al principio, ganando altura con rapidez, luego continúa ascendiendo pero de una forma más suave. Tras 1h.30m. de marcha, aproximadamente, se alcanza la Horquette de Ossue. Desde la Horquette de Ossue se puede descender en poco tiempo al refugio de Baysellance (10 - 15 min.), que marca el final de la primera jornada de ascenso a la Pique Longue. No obstante, antes de bajar al refugio, recomiendo desviarse del itinerario para subir fácilmente y sin ninguna complicación, a la cumbre del Petit Vignemale (1 h. ida y vuelta al collado), que aparte de ser una montaña que supera los 3.000 m., ofrece una preciosa panorámica desde su cima. Desde las proximidades del refugio de Baysellance se puede disfrutar de una estupenda vista del Circo de Gavarnie, que sirve como colofón de esta jornada. La segunda jornada comienza bastante temprano. Inicialmente se toma un sendero descendente en dirección sureste para poco después, tomando una media ladera, dirigirnos hacia el oeste, hasta que divisemos la lengua terminal del glaciar de Ossue. El glaciar de Ossue se extiende a lo largo de la vertiente este del macizo de Vignemale y constituye el itinerario normal de ascensión a la Pique Longue. Al pie del glaciar nos calzamos los crampones y nos encordamos. La lengua terminal del glaciar es la parte con mayor pendiente, así como la más agrietada del mismo, por lo que hay que tener cuidado y no confiarse en exceso. Tras superar una zona de bastante pendiente, se alcanza una enorme planicie glaciar, al fondo de la cual se divisa la Pique Longue, hacia donde nos dirigimos. Las condiciones del glaciar pueden variar considerablemente de un año a otro.
En
esta ocasión y como consecuencia de la abundante nieve, caída
a lo largo de la temporada, se encontraba totalmente cubierto, presentando
un, aspecto aparentemente inofensivo. Contrariamente a lo que suele hacerse,
es prudente permanecer encordados en el glaciar, a pesar de su aspecto
tranquilizador y a pesar también de1 ejemplo de muchos alpinistas
que no observan esta regla. La última parte de la ascensión
la constituye una fácil trepada por una zona rocosa bastante descompuesta.
Hay que estar muy atentos dada la posibilidad de caída de, piedras
por las cordadas precedentes (quien tenga casco, que lo use). Hace tiempo
que estamos gozando de la vista, de manera que la cumbre no nos va a dar
nada nuevo, sólo la satisfacción del espíritu y una
vanidad harto humana. Divisamos a la izquierda, allá lejos,
Gavarnie y su inmenso anfiteatro, la Munia, la Maladeta, montañas
y más montañas al sur y al este. Debajo, muy cerca, ese inmenso
derrame de luz que constituye el Glaciar de Ossue por donde ascendimos
y que volveremos a tomar a nuestro regreso.
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