ECOLOGIA
Lo que es tan sólo el proyecto para la instalación de un radar militar en la cima del Pico del Montero, prolongación de la línea de cumbres de la Sierra del Aljibe, ha supuesto ya la más salvaje agresión que en la historia ha tenido el Parque Natural de los Alcornocales. Miles de alcornoques, quejigos, pinos y monte bajo han sido talados, miles de metros cúbicos de tierra han sido removidos para abrir una pista de más de doce metros de anchura.
Excavadoras, "bulldozers" y camiones socavando las laderas de la Sierra y explanando un área equivalente a dos estadios de fútbol en la cima de la montaña es, hasta ahora, el terrible balance de la salvaje agresión perpetrada por el Ministerio de Defensa contra el Parque Natural de los Alcornocales para, ignorando las disposiciones legales, instalar un radar en el mismo corazón del Parque Natural. Toda una burla a un Gobierno Autónomo que ha reaccionado excesivamente tarde. Recordemos que las obras se iniciaron a primeros de septiembre con el consentimiento previo de la Agencia de Medio Ambiente, organismo que, ante la magnitud de la tragedia ecológica acaecida, intenta poner freno a la desesperada a los excesos del Ministerio de Defensa emitiendo una resolución cautelar de paralización de las obras.
Para nosotros, en todo caso, sin perjuicio de las medidas "correctoras" que se puedan tomar, el daño causado resulta irreparable. De suyo, la decisión primitiva por parte de la Agencia de Medio Ambiente de autorizar una instalación de este tipo en un Parque Natural supone "per se" una tragedia en sí misma. Lamentarse en estos momentos, cuando se ha tenido el poder para instar a Defensa a buscar otras alternativas (no nos valía la alternativa del Montero por el Aljibe, como propuso la AMA. Ambas cimas se encuentran próximas y son el corazón de este Parque Natural), resulta de una hipocresía sin límites tan sólo digna de políticos aferrados a sus sillones y sin el más mínimo compromiso proteccionista.
Es, por tanto, obligación del poder andaluz, si lo hay, la paralización de las obras, y buscar y proponer a Defensa un lugar alternativo lejos del corazón del Parque Natural. Paradójicamente el nº 22, mes de diciembre pasado, de la Revista "Medio-Ambiente", que edita la Consejería de Medio Ambiente, nos dice: "Los alcornocales dan lugar a muchos de los bosques más bellos y mejor conservados de Andalucía, con un alto valor ecológico y una variada aportación de recursos ... La mitad de los alcornocales andaluces se encuentran en Cádiz, formando lo que el científico alemán del S. XIX llamó "la selva virgen europea".
En nuestras andanzas montañeras y alpinísticas por medio
planeta no hemos podido encontrar semejante despropósito contra
la montaña emblemática de un país. El Parque Natural
de Sierra Nevada (uno de los espacios naturales europeos de mayor riqueza
ecológica albergando numerosos endemismos) lugar que encierra el
techo de la Península, se ve salvajemente amenazado ante el proyecto
de instalación de un radar en la misma cima del Mulhacén.
La montaña emblemática andaluza por excelencia está
ahora en el punto de mira de los destructivos planes de un Ministerio de
Defensa sin escrúpulos. Los trabajos de las llamadas "catas geológicas"
comenzaron, de nuevo con el visto bueno de la AMA, en el verano de 1.993
y le han seguido el verano pasado. Ahora, por razones climatológicas
la obra está parada y hace varios meses montañeros y ecologistas
de Granada dieron la voz de alerta. Granada entera está en contra:
entidades sociales, Universidad, Alcaldía,... Curiosamente, el Consejero
Manuel Pezzi se ha pronunciado también en contra. ¿Esperará
la Agencia de Medio Ambiente a obtener los mismos resultados que en el
Parque Natural de los Alcornocales, cuando la AMA dio permiso al Ministerio
de Defensa para las llamadas "catas geológicas"? ¿Pensaban,
quizás, que los militares iban a jugar al parchís en la cumbre
del Mulhacén?.
En estos momentos, la FEDERACION ANDALUZA DE MONTAÑISMO tiene en
marcha una intensa campaña de protesta, movilizaciones, recogida
de firmas,... Se hace necesario, pues, elevar esta protesta hasta el máximo
e instar a las autoridades a buscar otras alternativas para la instalación
de sus proyectos militares y a la Agencia de Medio Ambiente a que, de una
vez, se convierta en el vigilante y protector que todos queremos para nuestros
espacios naturales.
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