Ecología y Montaña
SIERRA
DE GRAZALEMA:10 Años de Parque Natural
por Juan Clavero Salvador, Ex - director del
Parque y miembro de Ecologísta en Acción
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El Parque Natural de la Sierra de Grazalema acaba de cumplir diez años. Esta sierra ya había sido declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1977, pero este titulo, aunque suponía el reconocimiento internacional a sus valores ecol6gicos, era meramente simbólico. El ICONA tenía prevista su declaración como Parque Nacional, pero con las transferencias de las competencias medioambientales a la Comunidad Andaluza, la Junta de Andalucía optó por la figura de Parque Natural para dar respaldo legal a esta protección. El Decreto que se publicó en febrero de 1.986,

Crestas de la Sierra del Pinar
incluía un preámbulo donde se especificaban las razones para la declaración de este Parque Natural. Entre los valores que se pretendían proteger destacaban los paisajísticos - la Sierra del Pinar es la máxima altitud de la provincia de Cádiz; los geológicos - sobre todo las bellísimas formaciones cársticas: lapiaces, poljes, dolinas, simas, cuevas; los botánicos - el abeto pinsapo es el símbolo del Parque, pero también hay extensos bosques de encinas, alcornoques, acebuches, quejigos, ... además de endemismos exclusivos como la amapola de Grazalema -; y los faunísticos, como las poblaciones de cabras montesas, corzos, meloncillos, ginetas, o las importantes colonias de rapaces. Estas serranías habían conservado también un importante acervo cultural. Los pueblos blancos son un perfecto ejemplo de adaptación de la arquitectura popular a las condiciones ambientales. Además, las poblaciones serranas habían mantenido vivas formas de explotación de los recursos naturales que estaban en trance de desaparición en la mayor parte de las comarcas rurales andaluzas. La opción por la figura de Parque Natural estaba, pues, claramente justificada. Nuestras áreas de mayor valor natural no eran territorios vírgenes, sino espacios muy humanizados, donde los sistemas socioeconómicos tradicionales habían propiciado la conservación de montes, matorrales, dehesas y pastizales, y una fauna autóctono de enorme interés ecológico. Por tanto conservar alcornocales, acebuchales o pastizales, implicaba a su vez conservar los sistemas de aprovechamientos que los habían generado y mantenido a lo largo de los siglos. Además, intentar conservar unos territorios y unos recursos naturales al margen, o incluso en contra de las poblaciones locales, era un empeño condenado al fracaso. La actitud de los pueblos del Parque fue al principio de recelo, cuando no de manifiesta oposición.

Vista de la Sierra del Pinar (derecha) y Sierra
de Labradillo (izquierda)
La absoluta pasividad de las administraciones para hacer cumplir las leyes en el medio rural, llevó a que la necesidad de pedir autorización a la administración del Parque para podar o cortar árboles, abrir pozos, o construir una casa, se entendieran como limitaciones impuestas al desarrollo de estos municipios. La Junta, por medio de la Agencia de Medio Ambiente (AMA), proponía un modelo de ecodesarrollo, es decir, importantes incentivos para desarrollar sectores económicos tradicionales, y la potenciación del turismo rural que ya estaba fuertemente implantado en algunos pueblos del Parque.
Se recuperaron la fabricación artesanal de mantas de Grazalema,
se potenció la marroquinería y la chacinería, se dotó
de una importante infraestructura de uso público, y se aumentaron
las inversiones forestales, que son las que más empleo y beneficio
social y ambiental generan. El recelo
inicial
fue dando paso a un apoyo más o menos interesado. Aquí se
abrió la primera escuela Taller de Medio Ambiente, con importantes
inversiones y oportunidades para una juventud que carecía de futuro.
Alcaldes y sectores sociales reacios al principio al Parque Natural, comienzan
a asistir a la Junta Rectora solicitando más atención del
Parque para sus municipios. El papel de la Junta Rectora ha sido determinante,
pues ha servido para conseguir cierta coordinación de las distintas
administraciones, y sobre todo una amplia participación social que
ha ido generando un sentimiento de que el Parque es de todos, y que todos
pueden y deben intervenir en su gestión. Pero los problemas no han
faltado: grandes obras públicas Con un fuerte impacto ambiental,
intentos de privatización del Parque, presiones especulativas, construcciones
poco respetuosas con la tipología tradicional, masificación,
incendios forestales, falta de planificación, o la insuficiencia
de medios. Sorprendentemente ha sido la propia administración el
mayor agente perturbador del Parque. Se han promovido obras y actuaciones
muy impactantes, como la carretera El Bosque / Ubrique - auténtico
monumento a la incompetencia -, el polémico "Albergue"
de los Alamillos, en pleno alcornocal de Grazalema, o el trasvase Guadiaro
/ Majaceite, que atraviesa el Parque Natural, y que ha sido autorizado
por la AMA sin realizar un estudio de impacto ambiental. Se está
implantando un concepto de Parque puramente especulativo, pues parece que
sólo vale lo que es negoció. Así, se están
eliminando las áreas de acampada, para obligar a los visitantes
a ir a los campings de pago, en contra de la letra y del espíritu
del Plan de Uso Público, que diseñó una serie de equipamientos
muy diversifícados, para que todo tipo de personas pudieran conocer
y disfrutar de esta excepcional serranía. Los albergues y cabañas,
o la rehabilitación de cortijos y senderos para actividades de turismo
rural, han quedado postergados, a pesar de la fuerte inyección de
dinero comunitario que ha tenido el Parque por medio de los programas LEADER.
Se están primando las actuaciones a gran escala - hoteles, urbanizaciones,
etc...-, que pueden destruir los valores del Parque, y marginar a la población
local de los beneficios del turismo, que debe servir para apoyar, y no
para sustituir, a las actividades económicas tradicionales.

Panorámica de la serranía de Grazalema tras una ligera
nevada
El principal obstáculo para garantizar el futuro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema no está pues en la oposición de sus habitantes, ni siquiera de los Ayuntamientos, sino en la posibilidad de que se frustre el modelo que impulsó en un principio la propia Junta de Andalucía - aceptado en teoría por todos - que debe hacer posible la compatibilización del desarrollo socioeconómico con la conservación de sus valores ecológicos y culturales. En el décimo aniversario del Parque Natural de la Sierra de Grazalema hay que realizar una profunda reflexión de lo hecho, y de lo que ha faltado por hacer. Entre las actividades organizadas se han incluido jornadas de debate - donde los habitantes de la zona están siendo los protagonistas -, actos lúdicos , de divulgación y de participación, que culminarán en noviembre con una repoblación popular en Monte Prieto. El Parque Natural de la Sierra de Grazalema necesita un impulso para afianzarse definitivamente. Para conseguirlo ser imprescindible la colaboración de todos.
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