Reportajes
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En ocasiones resulta difícil transmitir las experiencias vividas, con este relato quiero mostrar una de ellas especialmente dura; El intento realizado por un grupo de montañeros andaluces para escalar la quinta montaña más alta del mundo en invierno. El Makalu sigue con sus extraordinarias formas, en el corazón del Himalaya y nuestra aventura pasar en el tiempo. Ahora me queda la extraordinaria vivencia pasada en dos meses y medio de expedición, en la cordillera del Himalaya.
LOS PREPARATIVOS

A mediados de diciembre de 1996, comenzaba la Expedición Andaluza Makalu 97. Desde Málaga partíamos los expedicionarios en dos grupos; el primero finalizaría en Nepal, los trámites burocráticos, las compras y la organización de las cargas. Atrás quedaban difíciles días de trámites y gestiones infructuosas, sobre todo en Andalucía. Incluso algún polítiquillo de poca monta se permitió jugar con la ridícula subvención que nos había concedido y nos secuestró los billetes de avión a cambio de un millón de pesetas. Para la mayoría de nosotros, el regreso a Katmandu (capital del Reino de Nepal), fue el reencuentro con la magia de la sencillez de esta ciudad. Los templos, las construcciones sencillas y sobre todo los habitantes del "Valle de la Felicidad", continúan siendo parte atrayente de una actividad deportiva de estas características y aunque no se dispone de mucho tiempo para hacer de turista, siempre se busca el momento de evasión que permite impregnarte de los encantos de la ciudad.
LA APROXIMACIÓN AL MAKALU
El
día de Navidad, comenzaba la aventura. Un vuelo doméstico
nos trasladaba a Tumligtar,desde donde iniciaríamos la caminata
de aproximación hasta la base del Makalu. En esta población
nos encontramos con 10 porteadores enviados desde Katmandu, y que deberían
acompañarnos hasta el Campamento Base (CB) con lo imprescindible.
Por las grandes posibilidades de nevadas en la parte final de la aproximación,
decidimos enviar 2.000 Kg. de equipo, comida y combustible en helicóptero,
dejando al cargo del transporte al Sirdar Ang Yalzen Sherpa. Sólo
durante los cuatro primeros días de aproximación, se podían
utilizar casas de lugareños para pasar las noches. Estas poblaciones
fueron: Botebas, Num y Tashigon con 2.190 metros sobre el nivel del mar,
siendo la última población. La aproximación al Makalu
se caracteriza por carecer de las comodidades que se pueden encontrar en
otras zonas de1 Himalaya. Arroz, patatas y te fueron los alimentos de nuestro
tránsito por zonas habitadas, mientras que el alojamiento carecía
de mínimas comodidades. El 27 de diciembre se producía la
primera baja: Ramón Hernández abandonaba y nos quedábamos
sin médico. La ausencia del teléfono (vía satélite)
que debimos dejar en la aduana y esa primera baja nos dejaban sin dos componentes
de seguridad muy importantes. Realizar tantos kilómetros caminando,
trasforma el concepto espacio- tiempo en el que nos desenvolvemos normalmente.
Además permite contemplar con tranquilidad la diversidad. de paisajes
que se dan en los valles himalayos, así como finalizar la preparación
física concienzuda que se realiza antes de la partida. En Tashigón
finalizaban las comodidades. Nos adentrábamos en las tierras altas.
Dos días nos separaban del collado Shipton y un desnivel de 2.000
metros. Junto a un lago helado, situado a 3.900 metros, instalamos el primer
campamento de la aproximación. La jornada fue larga y dura, ya que
debíamos llegar hasta ese lugar para disponer de agua. La altitud
y el frío durante la noche se empezaban a dejar sentir, pero el
tiempo continuaba según lo previsto y se mantenía estable.
Poco antes de llegar al lago, pudimos disfrutar de una extraordinaria vista
sobre el Makalu, y desde el campamento sobre el Jannu y Kanchejunga!. El
principal escollo que debíamos superar para llegar a la base del
Makalu, era el collado Shipton.de 4.200 metros. Afortunadamente lo encontramos
sin nada de nieve cruzándolo el 31 de diciembre. Víctor Fernández
pasó por el mismo lugar el 6 de enero y ya lo encontró con
casi un metro de nieve. Durante todo el mes de Enero se produjeron precipitaciones
en forma de nieve por debajo de 5.000 metros, llegando a provocar la incomunicación
absoluta de. la expedición, así como la imposibilidad de
evacuar a Ang Yaizen, Sherpa que se encontró enfermo a su llega
da en el helicóptero, falleciendo al verse atrapado por una fuerte
nevada, cuando era transportado por tres sherpas sobre el 23 de enero.
Necesitamos
cuatro jornadas más para instalar un campamento provisional, antes
de llegar al CB. Este se situó a 5.200 m. en un lugar denominado
CB Japon‚ muy próximo al CB Francés, donde el helicóptero
debía dejar las cargas. Fueron nueve días para completar
190 km, recorriendo parajes extraordinarios. El 5 de enero estaba todo
preparado para recibir el helicóptero que debía abastecer
el CB, pero este nunca llegó al lugar acordado, desde 4.800 m, subió
un porteador con el lamentable mensaje de que las cargas habían
sido abandonadas. Este hecho trastocaba todos los planes e inmediatamente
se enviaron a los porteadores disponibles para que comenzaran al día
siguiente a subir cargas. Víctor Fernández que iba a descender
en helicóptero, inició el regreso con el Sherpa Correo y
un porteador. El 7 de enero instalamos definitivamente el CB a 5.300 metros,
en el centro del Glaciar Chago. Esta situación no era la deseada,
pero la negativa de los porteadores a subir las cargas hasta 5.600, no
dejó otra opción. Los trabajos de abastecimiento e instalación
definitiva CB duraron varios días, aunque paralelamente realizamos
trabajos de exploración para situar el primer campo de altura. Las
condiciones meteorológicas habían cambiado; frío y
viento comenzaban a dejarse sentir con intensidad. El viento se observaba
fundamentalmente en la zona alta de la montaña, y producía
un estruendo especial al chocar con la pared oeste.
CAMPO UNO: TIENDAS COMETA

Entre el 9 y 17 de enero se realizaron los trabajos fundamentales de
exploración, instalación y abastecimiento al campo uno (CI).
Con Morales y Salazar, realicé el primer viaje hasta la posible
situación del CI. Alcanzamos un circo situado a 6.000 metros donde
dejamos un depósito de material. Al iniciar el descenso sentí
un fortísimo dolor de estómago, que al poco se convirtió
en insoportable. Rápidamente Salazar descenió al CB para
buscar ayuda. Afortunadamente pude descender por mi pie y con la ayuda
de Morales hasta 5.600 metros, donde nos encontramos con los compañeros
que subían del CB. A altas horas de la noche llegamos al campamento
y todo quedo en un lamentable susto, proveniente de un posible corte de
digestión. La ruta hasta el CI discurría inicialmente por
una incómoda morrena, para adentrarse en un corredor entre penitentes
de hielo, debiendo superarse un corto tramo vertical de roca en la parte
final. Una pedrera cuesta arriba nos dejaba en el depósito de crampones,
donde empezaba la nieve, que se encontraba en
excelentes
condiciones. Una hora más de marcha por pendientes heladas y en
un marco extraordinario nos dejaban en el circo del CI a 6.000 metros.
El 13 de enero suben por primera vez dos escaladores a CI con intención
de pasar la noche y buscar la ruta de acceso al campo dos (CII). Al día
siguiente consiguen alcanzar los 6.800 metros y la noticia, es recibida
por todos con gran satisfacción, ya que todo se estaba desarrollando
según lo pre visto. Por diferentes razones, entre seis escaladores
realizamos 46 subidas al CI, pero hasta el 18 de enero no fuimos conscientes
de la influencia que podía tener el viento sobre nuestras intenciones.
El 18 y 19 conseguimos subir nuevamente hasta la zona del CII, el 19 ascendimos
a pesar del fuerte viento y descendimos entre un buen "marrón"
(el único de nuestra permanencia en altura). El 20, 21, 22 y 23
estuvimos inmovilizados en el CI, a la espera de que el viento disminuyera,
para continuar con los trabajos de instalación del CII. Esa mejoría
no llegaba y decidimos descender al CB para continuar la espera. Tres días
más tarde decidimos realizar un porteo al CII que también
serviría para comprobar en que estado se encontraba. A 5.800 metros
encontramos una de nuestras tiendas, que había volado con todo el
material. La otra se había roto pero no voló.
EL MAKALU-LA, LA VENTANA DEL ÉXITO
El viento había disminuido por debajo de 7.000 metros y
nos decidimos a subir, para instalar el CII y alcanzar el Makalu-La, collado
situado a 7.400 metros, después de superar las dificultades técnicas
principales que presentaba la ruta. El 27 de enero pasamos la noche en
el Cl seis escaladores, ya que Ra- vina se descolgó de los trabajos
de altura, por problemas físicos. La noche fue nuevamente muy ventosa
y dudamos en salir por la mañana. Nos organizamos en dos cordadas
de tres escaladores; unos sortearían para abastecer el CII y otros
equiparían cuerdas fijas para alcanzar el collado. El día
29 Morales, Salazar y Becerra, portean e instalan cuerdas hasta 6.950
metros.
En las conexiones con los radioteléfonos al atardecer, se mostraban
optimistas pero nos hacen saber que las condiciones de la escalada son
muy duras. El viento a ráfagas y mucho frío, les hacen moverse
con lentitud, y tienen las extremi dades muy afectadas por la exposición
a las bajas temperaturas. El día 30 consiguen llegar a 7.200 metros;
al estrangulamiento que había en el corredor terminal de acceso
al collado. Todo estaba previsto para al día siguiente alcanzarlo
y realizar un porteo. Los que habíamos abastecido el CII en días
anteriores, ascendimos al campamento para contribuir con nuestro trabajo
en el tramo final del corredor. Al atardecer nos encontramos en el campamento
y los compañeros bajan helados, el viento los castigó con
m s intensidad que el día anterior. Nos organizamos y a la
mañana siguiente salen Salazar y Morales. El viento fue fuerte durante
la noche y aun cargados de ganas, los dos compañeros regresan a
las dos horas y nos informan de la imposibilidad de continuar con los trabajos,
por lo que deciden descender al CB. Guerra, Marfil y yo decidimos aguantar
en el campamento para intentarlo al día siguiente. El día
lo pasamos en la tienda aguantando las ráfagas de viento y la noche,
no fue en absoluto mejor. Además en una de las conexiones por radio
nos informan desde el CB sobre la muerte del Sirdar, noticia que recibimos
con gran pesar, ya que perdíamos un amigo, que compartió
con Morales y conmigo nuestra primera expedición al Himalaya en
1988, en aquella ocasión al Annapurna. Se organizó el rescate,
enviando a cinco sherpas para recuperar el cuerpo y avisar a un helicóptero,
que lo trasladara a Katmandu. De los cinco sherpas, cuatro debían
regresar al CB antes del día 6 de febrero para evacuarlo hasta donde
los porteadores del valle no ponían problemas. Estos nunca pudieron
llegar a donde estaba el Sírdar, e incluso llegamos a temer por
ellos ya que no llegaron al CB hasta el día 10. La acumulación
de nieve nos habían dejado aislados. Nuestra espera durante la noche
en el CII fue nuevamente infructuosa, toda la noche soportamos rachas de
viento hu- racanado y por la mañana aguantamos hasta el medio día,
para terminar preparando el descenso. En esa ocasión, dejamos la
tienda que estaba menos protegida aplastada y cubierta de bloques de hielo,
así conseguimos evitar sorpresas como las del CI. El 1 de Febrero
todos estabamos en el CB, siendo cons- cientes de que se nos estaba escapando
la cima del Makalu. El viento continuaba soplando con fuerza en las inmediaciones
del CII, el collado y la cima. Todo lo podíamos observar impotentes
desde el CB.
ADIOS A UN SUEÑO
El día 5 decidimos hacer un intento y suponíamos que era
definítivo. El viento continuaba soplando, pero nuestras esperanzas
de que parase nos movían atraídos por la cima de montaña
tan maravillosa. La subida al CI la realizamos con tranquilidad e instalamos
en él nuestras mejores tiendas. Según se marchaba el día,
el viento ganaba en intensidad y nos dispusimos a pasar una noche movida.
Ya sólo quedábamos cinco monta ñeros: Guerra, Becerra,
Morales, Salazar y yo.
La
noche fue tremenda y dos de nuestras tiendas fueron abatidas por el viento.
Al amanecer no paré de maldecir, el interior de la tienda lo tenía
sobre mi cara y la nieve, había entrado por los rotos, sentí
una impotencia absoluta y no encontré sentido a lo que estábamos
soportando. Me coloque las botas y me dispuse a ir a desayunar a la tienda
de Guerra y Morales. Mis reflexiones me llevaron a consultar con los compañeros,
sobre tomar la decisión de retirarnos definitivamente: Morales y
Guerra lo consideraron razonable. Me dirigí a la tienda de Salazar
y Becerra, para comentarles lo que habíamos pensado y en principio
aceptaron. Para todos, nuestra historia en el Makalu estaba finalizada.
Al rato Becerra se acerca a la tienda y nos plantea el que posiblemente
aún nos quede alguna oportunidad. Desde las valoraciones que había
realizado sobre lo acontecido y por las experiencias en otras montañas,
le hice saber que mi decisión era inalterable, para Morales y Guerra
también. Salazar se une a las previsiones de Becerra y deciden subir
al día siguiente al CII, para intentar la cima o en su defecto el
Makalu II, además de retirar las cuerdas instaladas. Nosotros con
las dos tiendas rotas, decidimos trasladaron un poco más abajo.
Al día siguiente todos subiríamos al CII; unos para desequiparlo
en parte, otros para hacer un último intento. Subimos nuevamente
con viento pero al atardecer la calma era una gran novedad, al despedirnos
en el CII de Becerra y Salazar les pedimos que no hicieran ninguna tontería
y les deseamos toda la suerte del mundo. Durante la tarde y la noche, pudimos
vivir horas de calma extraordinarias. Por la mañana nos levantamos
sin prisas, para preparar las mochilas y descender al CB. Mientras Salazar
y Becerra ya habían decidido descender desde 7.200 metros, ya que
el viento que comenzó a soplar en la zona alta al amanecer, los
llevo a la cruda realidad de los acontecimientos. Nuestro radioteléfono
estaba permanentemente abierto y esperábamos noticias de los compañeros
de arriba. Sobre las 10'30 llegó Marfil para ayudar con el pesado
porteo, a las 12 horas el campamento estaba desmontado y todo listo para
iniciar el descenso, a las 12'30 hablé con Salazar que me informa
sobre la decisión que habían tomado, ya que el viento nuevamente
era insoportable. Yo le indico que todo está listo para el
descenso, y que encontrarán una tienda para su bajada.
EL ACCIDENTE
Después de la cómoda conversación parecia
que todo finalizaba con tranquilidad y que el Makalu ya iba a ser historia.
Pero... el radioteléfono irrumpe nuevamente para llevarnos a una
situación angustiosa. Salazar nos radia la caída que está sufriendo
Becerra. Inmediatamente nos quitamos las
mochilas
y vivimos momentos absurdos; discutimos entre nosotros, pateamos las rocas
de las zonas, maldecimos y nos sentimos impotentes. Intentamos mantener
la calma a la espera de nuevas noticias de Salazar, que estaba intentando
acceder hasta donde el cuerpo de Becerra pendía de la cuerda que
le detuvo en la caída. Éramos conscientes de que no podríamos
hacer nada hasta el día siguiente y deseábamos que Becerra
reaccionara. La espera fue tremenda, pero la angustia finalizó con
buenas noticias, Salazar nos informa del estado de Becerra y parece que
lo va a poder descender hasta el CII, quedamos en que nos informase de
cualquier novedad. Nosotros volvimos a instalar las tiendas y lo preparamos
todo para subir al día siguiente. La nueva conexión se realizó
cuando llegan al CII y Salazar nos informó con tran- quilidad del
alcance de las lesiones: una aparatosa brecha en la cabeza que sangraba
abundantemente, el hombro muy dolorido e inmóvil y un fuerte dolor
en las costillas, consideraba que al día siguiente podría
descender por su pie. Muy temprano salimos al encuentro de los dos compañeros,
nos encontramos en el lugar acordado; justo donde empezaban las grietas
y las pendientes más peligrosas, El viento también nos acompañó
de forma desesperante ese día. Salazar y yo bajamos con Becerra
para intentar llegar hasta el CB, Morales y Guerra desmontarían
el CII. Todo fue bien y el día 10 todos est bamos en el CB.
Ahora debíamos intentar salir de la última trampa. Lo primero
era bajar todo el CB, hasta el CB de la Pared Sur a 5.000 metros. Desde
ese punto la nieve se acumulaba en grandes cantidades y no podíamos
contínuar. Afortunadamente la última vez que consiguió
el sherpa correo llegar a zonas pobladas (a principios de enero), acordó
con A.G. Sherpa (propietario de la agencia enlace en Nepal) que si sobre
el día 20 no había recibido noticias nuestras, enviaría
un helicóptero, para evacuarnos.
UN ADIOS INOLVIDABLE
El día 14 descendimos y el Makalu aun nos tenia preparada su despedida, en la morrena el viento soplaba descomunalmente, las ráfagas nos obligaban a tumbarnos en el suelo o escondernos tras las piedras. Los sherpas lo pasaron mal con sus pesadas cargas y Becerra soportó como pudo los zarandeos. Afortunadamente en la zona del campamento la situación era más soportable. Los días de espera fueron tediosos y angustiosos, el tiempo era inestable y esas condiciones no permitirían la entrada al helicóptero, este lo intento en tres ocasiones: los días 18, 19 y 20. El momento en que lo vimos aparecer fué inolvidable para todos. En quince minutos lo cargamos y una hora después estábamos tomando cervezas en Lukla, mientras al "pájaro le hinchaban el buche".
Si quieres conocer más detalles,
puedes consultar el
DIARIO DE LA EXPEDICIÓN
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