Reportajes
IRHIL
M’GOUN
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Ocurrió como todo aquello que pasa muy rápido y no te lo llegas a creer del todo. Era mi primer viaje fuera de España y además a un lugar que es de lo más distinto culturalmente hablando, aunque esté tan cerca de nosotros. Sin duda, esta salida fue para mi algo...mágico. Gracias no sólo a ese misterioso encanto que ejerce ese país sino también a mis amigos y compañeros de viaje, Pepe Trujillo, Consuelo, Faustino y Franky, fue posible que Marruecos me cautivara desde el principio y de gran manera.
Con nuestro flamante Todo Terreno prestado y cargado hasta los topes, desembarcamos en Tánger donde tendríamos nuestro preceptivo "problemilla" aduanero. Una vez resuelto, enfilamos el morro del Toyota hacia Midelt, a unos 500 kms. aproximadamente, así que había que cruzar practicamente medio país, pasando por Larache, Ksar el Kbir, Souk el Arba, Mekines y Azrov entre otras ciudades, para llegar bien entrada la noche a un camping poco antes de Midelt llamado "Intercultures", donde alquilamos un par de bungallows.
A la mañana siguiente nos levantamos con muy pocos grados sobre cero y un fuerte viento, lo que unido a las nubes que pasaban rápidamente, nos hizo pensar en una mejora del tiempo, lo que no ocurría desde que salimos de Jerez. Desde aquí veíamos frente a nosotros la bonita cordillera nevada del jbel Ayachi, con una altura máxima de 3.737 m., conocida ya por algunos de mis compañeros y que yo me propuse visitar en otra ocasión.
De nuevo nos ponemos en marcha con próximo destino a una aldea llamada Bou Tharar, donde en principio nos debíamos encontrar con el guia que nos iba a llevar hasta la falda de nuestro gran objetivo del viaje, la cordillera del M’Goun.
Al poco rato de iniciar esa mañana la marcha, pasamos por una extensa llanura y a cierta distancia vimos una auténtica jaima de una familia nómada que se dedicaba al pastoreo, por lo que no pudimos evitar salir de la carretera e ir a visitarlos, ya que personalmente nunca había visto ese tipo de construcción en su más primitivo concepto. Llegamos, fue impresionante, ya que en seguida pudimos comprobar la extraordinaria hospitalidad de sus moradores. Nos invitaron en su interior a té. Fue la primera vez que pude ver el verdadero ritual que hacen en dicho acontecimiento. También pude observar el respeto al rango familiar, que en este caso se refería al hemano mayor, que recibía los obsequios que les dimos, repartiéndolos a su vez a la familia.
Reanudamos el viaje cruzando la cordillera por un puerto y antes de
llegar a una ciudad llamada Er Rachidia nos cambió radicalmente
el tiempo. De un frío húmedo y nubes amenazantes de lluvia
nos encontramos con un cielo raso y temperaturas bastante altas, naturalmente
debido a que nos acercábamos a las puertas del desierto.

De Er Rachidia cogimos un cruce a la derecha en dirección al poblado de El Keláa des Mgouna, donde dejamos por fin el asfalto para, ya por carriles, adentrarnos en la zona de la cordillera del M’Goun, cuya cota máxima es el Amsod, con 4.068 m. Este grupo de montañas destaca desde lejos como el más vasto y elevado de esta zona del Atlas Central. Visto desde el norte, las pendientes componen un encadenamiento de pliegues paralelos que se confunden con la multitud de crestas y aristas que lo preceden, mientras que al sur, por donde ascendimos, la enorme masa domina directamente todo el valle del Dadés.
Los límites convencionales de este conjunto montañoso son los siguientes:
AL NORTE: La tassawt después de Tsgay-Walt hasta su fuente y en su prolongación la torrentera profunda de L’aqqa-n-Tilibit que desciende del Tizi-n-Tanout y sobre la región de l’asif que confluye hacia Tighraent-n-aït Ahmen con l’asif M’Goun, cuya arista ofrece en su parte culminante el espectáculo insólito de sus catorce circos glaciares que, vistos desde lejos, asemejan gigantescos abanicos.
AL ESTE: L’asif M’Goun hasta el fondo del CT 6831 cerca de la aldea de Bou Tharar, en donde ese mismo día teníamos nuestro punto de llegada.
AL OESTE: L’asif-n- Imi Oulawn, hasta la confluencia de l’asif Ghalb.
AL SUR: La cima del Jbel Aklim (3.432 m.), donde las pendientes meridionales dominan más de 1.500 m. la vasta explanada que desciende en suave pendiente hasta el Dadés, mientras la norte presenta interesantes escarpes.
Volviendo al viaje, de El Keláa des Mgouna a Bou Tharar hay aproximadamente un par de horas de pista, aunque hay que tener cuidado ya que existen numerosos carriles alternativos que nos pueden confundir. Eso nos pasó a nosotros y nos retrasó bastante, hasta el punto que se nos echó la noche encima, complicando el vadeo del rio M’Goun, lugar donde mi compañero Faustino ya tuvo hace años un desagradable percance. Afortunadamente, una persona nos guió y nos ayudó a encontrar el domicilio de nuestro guia.
Hassan, que así se llamaba, se encargó de conseguir un par de mulas y un mulero para, a la mañana siguiente, sin pérdida de tiempo, salir de Amesgag, poblado donde dejaríamos el vehículo y que está situado en una gran llanura a unos 1.800 m. de altitud. Por fin empezaba nuestro Trekking.
El primer día nos adentramos por una impresionante garganta, atravesando incontables veces el rio Aït Ahmed, siendo un recorrido de suave desnivel. Atravesamos los poblados de Amesker el Tatani y Amesker el Fougani, entre otras pequeñas aldeas perdidas en aquel valle cuyo fondo aparecía salpicado de huertos y choperas, mientras las empinadas laderas se cubrían de viejas sabinas. Al caer la tarde, acampamos a la sombra de un viejo Ksar, muy cerca de una de las últimas aldeas que íbamos a encontrar antes de terminar el valle, a unos 2.500 m. de altitud aproximadamente.
El segundo día de aproximación fue también suave, ya que el campamento base lo instalamos a unos 2.800 m., en el flanco oeste de las cumbres de Tizi el Fougan y Tighremt-n-Ticki. El paisaje habia cambiado radicalmente durante el día, pasando a ser un auténtico desierto de montaña. Desde nuestro campo base, ubicado perfectamente en una plataforma llana y con abundante agua, divisamos una impresionante ladera que culmina en la punta Este del macizo central, con 3.993 m. Este vasto y arrugado telón de fondo iría poco a poco tiñéndose hasta un rojo púrpura, en uno de los mayores espectáculos de montaña que he tenido la suerte de contemplar.
La siguiente jornada sería la más dura e intensa de todas, ya que íbamos a atacar la cumbre. Nos levantamos antes del amanecer y emprendimos la subida con dirección a la cota 3.993 por su ladera sur, que presenta más de 1.000 m. de desnivel sin tregua. Fue agotador, interminable, todo un "lomón". Subimos con botas de trekking, ya que la montaña sólo había recibido su primera nevada y con las subidas de temperatura que se acusaban nada más salir el sol, la poca nieve se derretía por momentos.
Tardamos más de cuatro horas en conseguir la mencionada cota. Una vez allí, con una pendiente mucho más suave, a la izquierda de nosotros se extendía la cresta que culmina en la punta más alta del macizo, el Amsod, con 4.068 m. Ibamos relativamente bien de tiempo, arriba no existía ninguna nube ni corría para nada el viento. Gozando de la magnífica cresta, del tiempo que hacía, y sobretodo del paisaje que desde allí se divisaba, en poco menos de una hora, tras superar un par de cotas secundarias, llegamos por fin a nuestro gran objetivo. Fue una experiencia indescriptible sobrepasar los 4.000 m. en un paraje totalmente salvaje. Desde la cumbre se divisa una de las vistas más hermosas que yo he divisado jamás, hacia el sur el Jbel Aklim con su cara norte cargadísima de nieve, al fondo el desierto y el valle del Dadés y hacia el norte se delimitaba claramente el Medio Atlas.
Tras los abrazos y fotos de la cumbre emprendimos el interminable descenso hasta el campo base, donde nos recibieron calurosamente Hassan y Mohamed. Con gran entusiasmo les contamos cómo nos había ido y decidimos unánimemente descansar y dormir allí mismo, ya que la vuelta iba a ser larga.
Al día siguiente, mucho más contentos y relajados, nos despedimos del monte y regresamos por el valle de l’asif Toumart saliendo, tras cruzar una nueva garganta, a la gran llanura donde se encontraba Amesgag. De allí, ya entrada la noche, nos dirigimos de nuevo a Bou Tharar, donde acabó otra larguísima jornada.
El Trekking se habia terminado, llegaba la hora de despedirse de Hassan,
nuestro amable guia, e iniciar nuestro camino de vuelta, no sin antes visitar
una bonita zona del Atlas Medio en la que también haríamos
cumbre y descubriríamos un hermoso bosque de cedros. Hubo tiempo
incluso de hacer turismo en ciudades como Fez y Asilah. En esta última
celebraríamos nuestro fin de fiesta con abundante vino blanco y
una montaña de pescaíto frito. Fue nuestra última
noche en el vecino país de Marruecos.
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