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Tu hijo
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Acabáis de ser padres. Muchas felicidades. Tal vez en estos momentos, esa alegría se vea algo empañada por la noticia que os acaban de dar sobre vuestro hijo o vuestra hija. El médico no sólo os ha dicho que es niño o niña sino que además le ha puesto un nombre con el que lo ha definido: síndrome de Down.
Un
bebé, un joven o un adulto con síndrome de Down es una persona que ha nacido
con un cromosoma de más en sus células.
Los
cromosomas son cadenas de genes, o de otra manera, portadores de las
características hereditarias de cada uno de nosotros, algo así como los planos
donde se define nuestra apariencia, nuestro funcionamiento y nuestro
desarrollo. Los cromosomas están presentes en todas las células vivas de
nuestro cuerpo (con alguna pequeña excepción) y van heredándose de generación
en generación. Vuestro hijo los ha recibido de vosotros. La existencia de ese
cromosoma extra que señalamos al principio genera una serie de diferencias con
respecto a la población general conocidas en conjunto como síndrome de Down.
Tened en cuenta que ese cromosoma puede provenir de cualquiera de vosotros dos:
por tanto no hay que buscar ningún "culpable" a esta situación. (Si
lo deseas, puedes ampliar información sobre este asunto de los cromosomas en la
página Nociones bio-médicas).
En
la actualidad, aproximadamente de cada 700 nacimientos, uno lo es con el
síndrome de Down. Casi el 80 % de estos recién nacidos son hijos de madres
menores de 35 años, pero sabemos que la edad de la madre es el único factor de
riesgo conocido hasta el momento: a mayor edad, más posibilidades de concebir
un niño con síndrome de Down.
El
síndrome de Down, aparte de una serie de características físicas propias, que
con más o menos detalle todos conocemos, conlleva siempre un retardo
intelectual. La importancia del mismo dependerá en muy buena parte del modo en
que el niño se desarrolle, de su entorno familiar y de la educación que reciba.
Hay una gran escala de posibilidades y por supuesto, cuanto más atención y amor
se le dedique, sin que ello suponga un deterioro del equilibrio familiar (en
ocasiones quizá excesivamente inclinado hacia este miembro que parte con una
mayor desventaja), tanto más brillantes serán los resultados que alcancéis.
Con
respecto a los caracteres físicos que mencionábamos, comprobaréis que a medida
que crezca, vuestro hijo irá adquiriendo los rasgos propios de la familia,
pareciéndose como cualquier otro niño a sus hermanos, padres, abuelos...
No
se puede curar. No hay ninguna medicina ni tratamiento que pueda eliminar el
cromosoma extra (presente en todas las células de su organismo), pero no
podemos descartar que en el futuro se encuentre algún tipo de solución que, al
menos combata en parte los efectos sobre el desarrollo y la fisiología que esa
'sobredosis génica' provoca. Hay, sin embargo, un debate abierto,
fundamentalmente en los Estados Unidos, acerca de los efectos beneficiosos de ciertos
medicamentos y suplementos nutricionales, que vendrían a combatir algunos de
los problemas más típicos en la salud de las personas con síndrome de Down. No
dudéis en consultar con vuestro médico cualquier duda relacionada con la salud
de vuestro hijo y los avances científicos en este campo.
UNA FORMA DE EMPEZAR
Hay
libros que también os pueden ayudar a solventar las preguntas que os surgen
(hemos elaborado una lista de los publicados, fundamentalmente en España, en la
página Publicaciones). Pero sin duda, uno de los
primeros pasos que os aconsejamos es el poneros en contacto con otros padres
que hayan pasado por lo que vosotros afrontáis ahora, conoceréis de primera
mano lo que ellos han sentido y como lo han resuelto. Dirigiros a alguna
asociación especializada de vuestra zona de residencia, con seguridad tenéis
alguna cerca.
Aquí
te ofrecemos algunos testimonios, seguro que te interesarán:
"Nos
ayudó muchísimo el poder hablar con otros padres. Al principio teníamos la
terrible sensación de que éramos los únicos en el mundo a quienes había
sucedido una cosa así."
"Trabajábamos
muchísimo con nuestro hijo pero en realidad no parecía un trabajo. Cada vez que
aprendía una palabra nueva o entendía una nueva orden, sus ojos brillaban:
sabía que había hecho bien alguna cosa. Uno mismo se llena de amor y
satisfacción en momentos así."
"Cuando
nació Xavier, pensamos que sería incapaz de aprender algo importante. Así y
todo, nos dedicamos en cuerpo y alma a su estimulación y hoy, con ocho años,
está integrado en un colegio normal y aprende a leer, escribir y a hacer
operaciones."
"Por
supuesto que hay dolor y trabajo con un niño que tiene el síndrome de Down.
Pero también hay dolor y trabajo duro con cualquier otro niño. Lo que pasa es
que con estos niños las compensaciones son mayores."
"Sus
abuelos se sintieron muy decepcionados cuando nació, pero ahora están tan
satisfechos como él cuando logra hacer algo nuevo".
"Nunca
hubiéramos pensado que llegaría a darnos tantas sorpresas. Llena de sentido
nuestra vida porque, a nuestra edad, hace que nos sintamos amados a cambio de
nada, y eso nos convierte en unos abuelos muy felices... ¡Da gusto verlo
crecer!".
"... Un nuevo hermano, el cuarto, pero no será como los otros. Estas palabras me marcaron mucho. Entre todos, en casa, hemos procurado seguir adelante y creo que poco a poco lo hemos conseguido. Cuantos más trabajamos con Xavier, más puertas se nos abren: nuevos avances, nuevas experiencias, nuevas emociones..."
TÚ ERES UNA PIEZA CLAVE
Es
muy importante que desde el instante del nacimiento, se procure el contacto
físico con el bebé. Esto será la base para que después se vayan fortaleciendo
los vínculos afectivos; darle de mamar también será una ayuda importantísima
para establecer la primera comunicación físico-afectiva con el recién nacido,
el cual necesitará de vuestros besos y caricias tanto como del alimento diario.
Aquí
se os sugieren algunas fórmulas para estimular a vuestro pequeño.
o
Tocad todo su cuerpo.
Hacedle cosquillas, masajes, caricias...
o
Que no esté siempre
vestido. Colocadlo, desnudo, sobre una manta de lana o de algodón, incluso de
papel crujiente ya que así experimentará sensaciones diferentes. El ruido del
papel será un estímulo para que el bebé se mueva: percibirá los sonidos como si
fuesen una recompensa.
o
Pensad que vuestro
bebé no tiene por qué estar 'excesivamente' confortable en todo momento.
Ponedlo cerca del borde de su cuna, colocadlo boca abajo y colgad algún objeto
llamativo o que haga ruido delante suyo y por encima de su cabeza; también
podéis enganchar fotografías vistosas en las paredes interiores de la cuna.
Todo ello hará que se sienta obligado a levantar la cabeza y ejercitar los
músculos del cuello.
o
Silbad y cantad si
eso hace que el bebé estire el arco de la espalda. Improvisad voces y sonidos
extraños. No tengáis miedo de parecer tan niños como él. Resulta sorprendente
como algunos de esos sonidos pueden provocar movimientos y risas que la voz
normal no llegaría nunca a conseguir.
o
Colocad campanillas o
cascabeles cerca de sus manos y de sus pies. Esto hará que el bebé de patadas
más a menudo y más a propósito. Si las campanillas están situadas a los lados,
aprenderá, incluso, a usar de forma alternativa las extremidades.
o
Colgaos una de esas
mochilas de correas y sentad dentro a vuestro bebé dejando que se mueva con
total libertad. De este modo se podrá balancear sin gran esfuerzo físico por
vuestra parte. Esto hará que se estimule su sentido del equilibrio a la vez que
se sentirá amado.
NO LO OLVIDÉIS
Vuestro
recién nacido es, en primer lugar, un bebé con las necesidades emocionales y
afectivas de cualquier otro y, además una personita con otras necesidades
especiales... LE HACÉIS FALTA, NO LE DEFRAUDÉIS.
No
os sintáis desanimados, los progresos en el campo de la estimulación precoz, la
pedagogía y las investigaciones genéticas son constantes, tratad de estar al
día.
Buscad
orientación profesional, uniros a otros padres y empezad enseguida con la
atención al pequeño.