VICERRECTORADO
DE EXTENSION UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ |
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Cuentan, las buenas y malas lenguas del mundo artístico, que Vasily
Kandinsky comprendió la fuerza del arte abstracto cuando detectó
“una extraordinaria belleza, iluminada por un resplandor interior” en una
obra abstracta, sin percibir que se trataba de un cuadro suyo al revés.
De una república cercana a la Rusia de Kandinski, Kabardino-Balkaria,
procede el pintor que hoy nos ocupa en este catálogo y en esta exposición,
Muhadim Kishev.
Kishev llega a Cádiz,
a los espacios del Baluarte de la Candelaria, de la Sala Paréntesis
y de la Galería Benot, en un momento de absoluta plenitud creativa
y con ganas de mirar hacia atrás y otear la que ha sido una vida
dedicada a la pintura.
Quienes busquen referencias artísticas anteriores en esta exposición,
sin duda, las van a encontrar. En la obra de Muhadim Kishev contemplarán
lo mejor de la abstracción de Kandinski o de Frantisek Kupka,
el geometrismo de Paul Klee, el erotismo de Gustav Klimt , el profundo
interés por el arte popular de la pintora rusa Natalia Goncharova,
las gruesas pinceladas y colores virulentos Ernst Ludwig Kirchner . Y es
que Kishev es uno y todos.
Quienes busquen lo genuino, lo original, lo que hace de Kishev un pintor
excelente, sin duda, lo van a encontrar, también, en dos aspectos
cruciales para el espectador: su capacidad para interpretar la realidad
o la abstracción a partir de su personal paleta de colores y su
mirada, su forma de interpretar el mundo que le rodea, lo cotidiano.
Todos, la Universidad de Cádiz también, debemos regocijarnos
al acoger la obra de uno de los artistas principales de la generación
pre-glasnost.